«En los países en los que he residido, uno se siente sin duda alguna mucho más valorado y hay muchas oportunidades, nuevas ideas/proyectos, flexibilidad, curiosidad, tolerancia, etc. Eso sí: Hay que luchar. Y mucho. Uno tiene que hacerse un hueco en el mercado musical de, por ejemplo, Alemania. Porque el nivel es altísimo …»
Hoy entrevistamos a Itxaso Etxeberria, pianista formada en Musikene (Donostia-San Sebastián), en el Prins Claus Conservatoire de Groningen (Holanda) y en la Folkwang Universität der Künste (Alemania). Ha residido varios años en Holanda donde se ha formado, y actualmente reside y trabaja como autónoma en Alemania: es profesora de piano y realiza conciertos de forma regular. Está especializada en el repertorio contemporáneo.
Es una de tantas profesionales de la música que ha tenido que salir de España para poder formarse y trabajar. Etxeberria cuenta que ella emigró buscando una formación musical de calidad (en España era muy difícil encontrar un Master y más aún poderlo pagar), y que se quedó por una oferta de trabajo más amplia y mejor valorada, a pesar de que en muchas ocasiones, la vida del músico (ya de por sí dura) es aún más difícil si eres extranjero:
«Un músico autónomo en Alemania está libre de pagar el Umsatzsteuer (impuesto similar al IVA) mientras no gane más 17500 € al año. Existe también un seguro especial para artistas (médico, pensión, dependencia) donde un músico paga mucho menos. Y es mucho más sencillo acceder a becas o ayudas para estudiantes. Nada que ver con España».
También nos habla de la cara B de emigrar. A pesar de las facilidades de oportunidades y económicas, no todo es sencillo para un músico extranjero:
«De alguna manera uno en su país se siente protegido. Si tienes un problema, ese mismo problema en un país que no es el tuyo se te va a multiplicar por 10. Todo en el extranjero es mucho más difícil. Todo. Y de esto la gente no se da cuenta … o se les olvida … Hay que ser muy fuerte y uno tiene que tragarse muchas cosas. Esto no es para todo el mundo, la verdad…»
Reflexionamos con ella sobre esta falta de calidad musical, yendo al origen:
«Existe un sistema pedagógico musical infantil muy interesante: JeKi (Jedem Kind ein Instrument – cada niño, un instrumento). Me atrevería a decir que en esencia tiene bastantes similitudes con el sistema musical venezolano, aunque los contenidos y la estructura interna son diversas . Me explico, todos los niños aprenden a tocar un instrumento. Los profesores de instrumento van a las escuelas infantiles a impartir estas clases. Normalmente son de 45 minutos (por semana) y suele haber unos 5 – 10 alumnos por clase.
Por otro lado están las escuelas privadas. Aquí los padres tienen que poner dinero de su bolsillo (unos 80 € al mes por 30 minutos de clase semanal). La ventaja que tienen estas escuelas es que las clases son individuales por lo que el profesor se puede centrar perfectamente y trabajar al detalle con cada alumno. Los padres están muy concienciados en este tema. Saben que la educación musical – instrumental es importantísima para sus hijos y no ponen problemas a la hora de pagar (pagan siempre, y puntuales). Ya que un porcentaje muy alto aprende a tocar un instrumento, existen muchísimas escuelas de música. Solamente en Nordrhein – Westfalen hay un mínimo de 160 escuelas».
Según comenta Itxaso, ya en la sociedad se percibe una gran diferencia entre ambos países en cuanto al reconocimiento de los músicos y del trabajo que realizan.
«Sí, es increíble. Pero la base de esta diferencia también está en las políticas y dentro del mismo sector musical. Para empezar, ser autónomo aquí es mucho más fácil económicamente que en España. Y para seguir: yo nunca me he encontrado dando explicaciones a un programador de mi caché. Aquí es de cajón. Se paga muy bien, en concordancia con el nivel de estudio y esfuerzo. En eso hay una gran brecha con respecto a España. Fíjate, que hasta el más pequeño grupo local cobra por tocar en cualquier garito, un martes por la noche, por ejemplo. En España yo veo la cultura de no pagar, o de pagar con cerveza… Es de vergüenza. Al final si no se paga a los músicos, sólo se buscan grupos que toquen sin cobrar, y las personas que se ganan la vida con la música lo tienen muy pero que muy complicado. Y eso se traduce en que la sociedad ya no está dispuesta a pagar por cultura.
Si en Alemania una persona descarga una canción por internet gratis, recibirá una multa. Y en ocasiones, por lo que he oído, la cifra puede ser alta. Un artículo (RP Online) del 2008 decía que las multas podían llegar hasta 10 000 € e incluso la cárcel. Vaya. No se andan con tonterías. A parte de esto, siento que los alemanes tienen una conciencia cultural – musical muy grande. Consumirán música no solamente por la multa que les pueda caer, sino porque son conscientes de la cantidad de horas de trabajo que hay detrás. Y saben que el músico no vive del aire. Valoran esta profesión. Y mucho».
Etxeberria espera que la situación cambie, aunque sabe que no es fácil y que no será rápido. Cuando le preguntamos si tiene previsto volver en un plazo corto de tiempo esto es lo que nos responde:
«Muchos han vuelto porque solamente buscaban formación en el extranjero, o por añoranza, o por amor, o porque han decidido tirar la toalla … pues es que no es fácil. Otros seguimos aquí. Yo llevo 9 años fuera, luchando por un sueño (de momento el mío se está cumpliendo afortunadamente), y sobre todo persiguiendo una calidad de vida musical que en España por el momento no hay. Yo confío que las cosas por ahí abajo mejorarán poco a poco. Pero yo no voy a esperar».






¡Me alegro porque su sueño se esté cumpliendo! Y lo qué nos perdemos aquí… pasa lo mismo con jóvenes investigadores y otros ejemplos de talento.