En mis talleres de música y educación emocional siempre comparo la música con la comida.
Todos sabemos lo importante que es una buena alimentación basada en productos de calidad y naturales (el realfooding o comida real, como muchos lo llaman ahora).
Muchas veces no es ni lo más cómodo ni lo más rápido. Escoger bien los productos que vamos a comer, cocinar, dedicar tiempo y energía para crear hábitos saludables en nosotros mismos y en nuestra familia, tomarnos la molestia de buscar, comparar… Todo eso lleva tiempo y esfuerzo. Pero merece la pena.
A pesar de ello, la sociedad de consumo en la que vivimos no nos lo pone nada pero que nada fácil. Tenemos productos insanos a la altura y alcance de los niños en supermercados (cuántas escenas de berrinche habremos visto por culpa de esto…), con reclamos como dibujos animados en el envoltorio, colores súper atractivos…
Publicidad abusiva por todas partes y a todas horas de productos “para niños” a cada cual de peor calidad, que ni necesitan ni les hacen bien (es más, les hacen mal en muchas ocasiones). Por no hablar de menús infantiles en restaurantes, que siempre se reducen a las mismas porquerías.
Resulta que con todo lo bueno que tiene la naturaleza para ofrecernos, estamos ofreciendo lo peor de lo peor a los niños, que precisamente es el grupo humano al que deberíamos cuidar con más recelo y ofrecer siempre las cosas de más calidad.
Y ya no sólo es el impacto que puede tener en su alimentación, sino los hábitos de vida y de consumo que estamos fomentándoles.
A estas alturas de post quizás ya no te acuerdes que esto era un post de música, o estés pensando en qué tendrá que ver todo esto con la música.
Pues bien, con la música pasa algo muy parecido. Hay millones de obras, piezas, canciones y estilos de música disponibles en el mundo. Y casi siempre, la que ofrecemos a los niños, suele ser la de peor calidad.
Obviamente este puede parecer un mal menor, sobre todo si lo comparamos con un tema tan importante como la alimentación y la salud. Pero no debemos olvidar que la música es una herramienta muy potente de comunicación, expresión, transmisión, y que aporta valores como la empatía, la sensibilidad, el amor por la naturaleza…
Muchos nos damos cuenta del impacto tan fuerte que tiene la música en los niños pequeños, muchas veces desde que están en el vientre materno. Tiene el poder de calmarles o excitarles, de captar su atención, asustarles, invitarles al movimiento…
Y sin embargo muchas veces nos limitamos a encender una emisora de radio mientras vamos en el coche, o mientras cocinamos, o directamente la ponen por nosotros en la tienda de la esquina, la fiesta de cumpleaños del amiguito del colegio o en la carrera ciclista del barrio.
¿Qué quiere decir esto? Que perdemos nuestro poder de elección, escuchando aquello que otros quieren que escuchemos, es decir, que consumamos en masa. ¿Y qué pasa? Que esto es igual que con la publicidad de perritos calientes: que está por todas partes pero ni es lo mejor, ni lo más acertado. Y perdemos el gusto por lo realmente bueno. Nos adulteran tanto el gusto, nos vuelven tan pasivos, que ya perdemos la capacidad de elección, de búsqueda, de curiosidad…
Por no hablar de los valores que muchas veces transmiten canciones y artistas que nuestros hijos pequeños escuchan y cantan hasta la saciedad.
Por supuesto, no podemos aislarnos de la sociedad en la que vivimos. No podemos evitar que nuestro hijo se coma una galleta en un cumpleaños, ni que escuche y baile la última canción del verano…
El problema es cuando esto se vuelve la norma, la rutina.
¿Y tú qué opinas? ¿En casa tenéis hábito de escuchar diferentes tipos de músicas o sois más pasivos?







Coincido totalmente contigo María…somos lo que comemos y crecemos como personas con lo que escuchamos, sentimos y percibimos de nuestro entorno.
No lo puedes dejar mas claro…pero la puñetera maquinaria industrial nos golpea mediaticamente dia a dia para que sigamos bailando al son de su música y comiendo al ritmo de su comida basura.
Desgraciadamente así es, Antonio. Pero todos podemos hacer pequeñas acciones para poder vivir más libremente, poder escoger, tener el poder de buscar, dudar, rechazar, aceptar…
Seguro que en tu casa escucháis mucha y buena música. Muchísimas gracias por comentar, un abrazo!
Pues sinceramente, creo que nos incluimos en el grupillo de los alternativos, dicho esto con cautela porque una vez que encuentras tu estilo, no te sueles mover mucho, aunque sí dentro del estilo, CURIOSEAMOS cosas nuevas. Jaso escucha lo que Le ponemos, de momento está obligado a escuchar lo que ponemos nosotros, pero es variado y creo que rico para alimentar su futura curiosidad… Va desde Nina Simone hasta el Sr chinarro pasando por xoel López, vetusta, beethoven, Mozart o Vivaldi e incluso bailoteo pearl jam o jamiro… Jajajaja!! Interesante la comparativa música alimentación. Sigue escribiendo!!
Oh yeah! Ese es el mood, sí señores! Y bueno, sobra decir que a parte de toda la cultura musical, que en vuestra casa es mucha (porque sois el tipo de personas que realmente no podrían vivir sin música), lo que Jaso ve y absorbe es mucha pasión. Por aprender a estas alturas, por animarse a escribir canciones, por no tener miedo (o tener miedo pero superarlo) y remangarse para grabar vuestras versiones, dar importancia a vuestra pasión y no quitársela diciendo esa tipicada de «pero qué hago yo haciendo esto a estas alturas».
Sois unos disfrutones, os lo digo siempre… Naturaleza, música… vosotros SÍ que sabéis. Besos y muchas gracias por comentar
Muy curiosa e interesante la reflexión María. Me ha hecho pensar…Voy a ponerme a la tarea e intentar que mis hijos consuman productos musicales de calidad y más variados.
Qué bien que te haya resultado interesante! Me alegro de que te haya hecho pensar… ¡ya me contarás! Un besoª