Hoy hablamos sobre un tema que normalmente os da mucho que pensar. Es otra de las preguntas frecuentes que nos hacéis en talleres y actividades dirigidas a bebés y niños pequeños. ¿Qué música le pongo?
La preocupación nace de que muchas personas se sienten incultas en esto de la música y tienen miedo de poner a sus hijos e hijas música mala, incluso nociva. Pero como siempre digo, para escuchar música, para beneficiarse de ella, no hace falta ser un experto, ni músico profesional. Pasa lo mismo que con la comida. No necesitamos ser chefs para disfrutar de una buena comida, apreciarla, saber que está buena.
De hecho, sin tener estudios en nutrición ni cocina, sabemos más o menos qué alimentos son más o menos nocivos, a nada que tengamos un poco de interés en el tema.
Pues con la música sucede igual. No necesitamos “saber de música” para poder disfrutarla, saborearla y beneficiarnos de ella.
Y aquí, lo que siempre contesto a la pregunta que recoge el título… Tu intuición, tu sentido común y tu sensibilidad te harán escoger bien.
Porque claro, no siempre queremos utilizar la música con el mismo fin. A veces queremos ponerles música para que se relajen, otras veces para bailar o saltar, otras veces para activar la energía en un día un poco plof… Y obviamente, para cada situación, para cada necesidad, y por supuesto para cada persona, necesitaremos un tipo u otro de música, buscando entre diferentes estilos, géneros, atmósferas, ritmos, etc.
Si quieres un ambiente relajado para que por ejemplo tu bebé se enganche al pecho, tu intuición y tu sentido común te harán elegir (sin haber ni siquiera hecho un análisis de ello), una música con melodías suaves, poca instrumentación, pocos contrastes dinámicos, y ritmo lento.
Si te apetece subir la energía y los ánimos, tu sensibilidad te hará escoger una música con ritmo más marcado, posiblemente con algún estribillo pegadizo o repetitivo, con algún solo de guitarra o de batería (son ejemplos).
Es decir, no existe la música perfecta para el momento perfecto, porque cada persona, cada momento, y cada sensibilidad es única. Y la música y nuestra percepción de ella son subjetivas.
Y ahora quiero hablar del punto más importante para mí al respecto de este tema: No se trata de la música que le pones, sino de la música que pones.
La música no se debe poner a los bebés como algo pasivo. Yo la pongo, el bebé la escucha, y “algo le hará”. Está claro que los bebés y niños que más música han escuchado en su infancia, mayor sentido de la musicalidad, del ritmo, mayor “oído”, sensibilidad musical y personalidad musical adquieren.
Pero la música no va disociada del afecto, o no debería. Esa música que le quieres poner para que se beneficie de ella, será mucho más poderosa si está ligada a un momento contigo. No es lo mismo que le pongas el CD y te vayas a doblar ropa (obviamente a veces hay que hacerlo y mucho mejor dejarles escuchando música que mirando una pantalla), que que la escuchéis juntos acurrucados, o bailando y saltando mientras reís.
Y para conseguir eso, importante, esa música te debe gustar a ti también.
Y tú, ¿le pones música, o pones música? ¿Y qué música le pones (o pones)?





