Como ya he contado en alguna ocasión, la vida del pianista es muy solitaria. No elegí este instrumento por su lado más negativo, sino porque es el que a mí me apasiona y con el que considero que se pueden hacer muchísimas cosas. Su versatilidad es única, pero como digo, su soledad también es única.
Pasé mis años de carrera sentada delante de mi piano de segunda mano, 4 años delante de esas 88 teclas. Las paredes iban cambiando puesto que cambiábamos de pisos de alquiler, los compañeros también iban variando… Pero las horas que pasé con aquel piano a solas superan a todo lo demás.
El repertorio de un pianista solista es tremendamente arduo, y por ello conlleva muchas horas de estudio. El repertorio es complicado, y según los estilos y épocas que se trabajen puede requerir de un alto manejo que no se consigue sino con tiempo, mucho pero que mucho tiempo.
Mis compañeros de otras especialidades instrumentales tenían muchas actividades grupales. Orquesta, banda, cuarteto, combos de jazz… Ellos pasaban mucho tiempo tocando acompañados. A parte de dar otra vida, también les daba un soporte y un apoyo del que los pianistas muchas veces carecíamos.
Cuando uno se enfrenta a algo solo, puede salir reforzado, pero también los problemas son más problemas. Los pasajes complicados son más complicados, las interminables horas de estudio son más interminables…
El repertorio solista dejó de darme aquello que yo necesitaba de la música. Muchos compañeros siguen hoy luchando en ese maravilloso mundo, los admiro y admiro su trabajo, su esfuerzo y su enorme talento.
Pero en mi caso personal, todo aquello empezó a quitarme más de lo que me daba. Es más, me daba mucho menos de lo que yo le daba.
Y de pronto, redescubrí la música en grupo: música en conjuntos grandes, música de cámara a duo o a trío, formar parte de una banda de viento, formar parte de una big band, o incluso formar parte de espectáculos multidisciplinares. Todo ello me abrió los ojos, me abrió las miras, me cambió la visión de la interpretación. Me devolvió la ilusión por tocar, por ponerme delante de un piano, por buscar estilos, coger nuevas partituras entre mis manos, meterme en más y más proyectos…
Por eso, hoy voy a hablar de los beneficios que tiene hacer música con más personas:
– Socialización. Poder pasar un rato haciendo lo que te gusta con otras personas, hacer grupo, hacer piña. El buscar entre varias personas un objetivo común une mucho.
– Te sientes arropado y ganas en compañerismo. Tocas con compañeros, y este compañerismo hará que te comprendan y relativicen si tienes un mal día, que intenten ayudarte si tienes una dificultad, y viceversa
– Aprendes a escuchar. Para hacer música en grupo esto es imprescindible. Tocas o cantas tu parte en función de los demás.
– Desarrollas tu empatía. La música son emociones hechas ondas sonoras. Y cuando tocas una misma pieza con otras personas, un montón de sentires confluyen. Y las energías se van contagiando. La música une (sobre esto tienes un post del año pasado)
– Tienes tu lugar y tu función. Todos nos convertimos en imprescindibles.
– Trabajo en equipo. Debido a que todos tenemos nuestra función, las diferentes piezas del puzle tienen que encajar y de esa forma estar bien articulados y bien compenetrados.
– Fortaleces tu papel en la resolución de problemas. Como cualquier trabajo grupal, presenta en algún momento dado problemas. Algunos son de largo recorrido, otros de última hora, pero en la música en grupo es algo que se aprende a solucionar rápido.
– Se trabajan mejor las competencias musicales: en grupo se trabaja mejor el ritmo, el pulso, la interpretación, ya que unos aprendemos de otros, nos podemos corregir y ayudar gracias a la escucha recíproca continua.
– Los talentos se suman. Se dejan al lado los egos para construir, cada uno da lo mejor de sí mismo.
– Se relativiza la importancia de la perfección. Al no estar expuestos en primera plana todo el rato (como ocurre en solitario), se da valor a otros aspectos, como la musicalidad, el sentimiento, el conjunto…
– Se disfruta más, porque se comparte el disfrute. En especial el disfrute del directo, del “bolo”. Y el disfrute se extiende a todo el día, a toda la aventura. Desde que quedas un rato antes para preparar el concierto. Ahí empiezan a gestarse las anécdotas que recordaréis en unos años. Los recuerdos personales quedarán por encima de los musicales.
Así que seas como seas, niño, adulto, anciano, amateur, profesional… Busca un hueco para tocar con otras personas. Es una forma divertidísima de enriquecernos, de beber de otras fuentes, de aprender, de disfrutar… nos pone en otro lugar, nos da otra perspectiva, nos hace formar parte de algo, construir…
Puedes hacerlo de muchísimas maneras: Coros, batucadas, bandas, fanfarres, grupos de punk, rock, pop… para aficionados o para profesionales, es una experiencia importante en la música, te pone en otro lugar, te pone en otro lugar, te hace formar parte, construir.
¡Compartir música da vida!
Y tú, ¿eres más de hacer música solo o acompañado? ¡Me encantará conocer tu experiencia!





