Recuerdo una anécdota de mis clases de preparación al parto. Estábamos comentando la importancia de que nuestros bebés estuvieran relajados y apacibles flotando en el líquido amniótico. Y compartíamos la manera en que cada pareja tenía de conseguirlo. Unas hacían matronatación, otras yoga, otras bailaban… Empezamos a hablar de lo importante que son los estímulos musicales, que el bebé puede oír desde el útero, y el poder que tienen de calmarlos, o en caso de ser estridentes, de ponerlos nerviosos.
Una madre comentó que ella, al enterarse del increíble poder de la música clásica para relajar a los bebés, cada día se ponía unos cascos en su barriga, mientras ella aprovechaba para trabajar en el ordenador.
Recuerdo cómo la matrona que nos acompañaba dijo que de nada servía esa música en los oídos de su bebé, si no iba acompañado de su presencia. Le aconsejó que la próxima vez pusiese la música que a ella le gustase y calmase, y la escuchase a la vez que su bebé, y así realmente tendría ese efecto en ellos, a través de la conexión.
Todo padre amante de la música tiene la ilusión de que sus hijos sean también unos apasionados. Soñamos con que nuestros pequeños sean capaces de disfrutar de la música tanto como nosotros. Es un privilegio que creemos muy sano y muy beneficioso.
Y a veces esperamos unos años, demasiados, para ofrecerles la música como una opción. Esperamos a que cumplan los 7 años, y entonces decidimos que lo mejor es que vayan a clases de música.
Desde luego, si tu objetivo es que tu niño ame la música, es probable que no lo consigas apuntando a tu hijo a una academia para que aprenda lenguaje musical y un instrumento. Lo siento, no es el camino. No way!
«¿Por qué? Es una oportunidad…» A veces somos nosotros los que nos hemos quedado con la espinita y les mandamos a recibir formación a ellos para que no les pase. Pero ellos no son nosotros. Ve tú, quizás esa es una lección mucho más valiosa para ellos, ¡y tú disfrutarás como un enano!
Entonces, ¿por qué no hacerlo así? El porqué está en que ahí te has adelantado varias etapas… Como siempre digo, primero debe nacer el gusto, el interés, las ganas. Y eso se puede fomentar desde el vientre materno, no a partir de los 7 años. Primero debe ser un juego, un hobbie, algo sin obligaciones ni reglas, un descubrimiento, un mundo por conocer… Y después, habrá niños que quieran seguir disfrutando de esa manera (como la mayoría de los mortales), y otros que se interesarán por recibir formación «en serio».
Conseguir que a tu hijo le guste la música es como conseguir que le guste la pera o el color azul. Casi en su totalidad depende de él, pero tú puedes ayudarle a apreciarla, y será mucho más fácil, claro, si tú mismo lo haces.
Entonces. ¿Cómo ofrecerles y descubrirles el maravilloso mundo de la música para darles la oportunidad de que nazca esa pasión? Allá van algunos consejos:
1. Escucha música tú. Escucha la música que te gusta, que te nace, que te hace cantar, bailar, que te transmite emociones o mensajes, que te trae recuerdos, que te tranquiliza, que te activa… Escucha lo que te proporciona placer. Y ponla en el coche, ponla en casa los fines de semana, mientras cocinas, cuando os despertéis de la siesta…
2. Escuchad música juntos como fin único. Sentaros en el sofá y poned algo de música, id variando estilos, épocas… Comentad lo que sentís, lo que escucháis, inventad historias…
3. Pon a su disposición CDs o vinilos, y aparatos de música que ellos puedan manejar. Enséñales cómo funciona una mini cadena. Si aún son pequeños y te da miedo que estropeen la tuya, puedes comprarles un reproductor de CDs, los hay muy baratos, en tiendas de segunda mano o por internet, y poner sus propios discos en una estantería a su altura, a parte de los de los mayores.
4. Indagad juntos en plataformas musicales en internet. Más tarde, lo harán solos. Buscarán, compararán, tendrán curiosidad y se harán un archivo musical muy amplio.
5. Buscad conciertos y propuestas musicales que haya en vuestra ciudad. seguro que hay mucho más de lo que creías, incluso muchas cosas gratuitas. Aprovecha cualquier oportunidad que se presente para ir a escuchar música en vivo. Así ampliarán su cartera de conocimientos de estilos, agrupaciones, instrumentos… Se harán un «oído» y un «bagaje musical». Por ejemplo, en los conservatorios y escuelas de música suele haber casi todos los días conciertos de alumnos, abiertos al público y gratuitos. Siempre es interesante ver a jóvenes que estudian los estudios superiores. Entrar en ese ambiente también les puede atraer, pueden conocer cómo son esos estudios, la cantidad de horas que hace falta estudiar un instrumento si quieres ser profesional, el ambiente que se respira… además de acabar con ciertos mitos y etiquetas. Es una buena oportunidad para acercarles ese mundo.
6. No critiques por criticar. Seguramente en esa música que escucha y que a ti no te gusta, hay algo que puedas rescatar, algún valor positivo, y podáis hablar sobre ello. Tú también puedes indagar sobre los estilos que están de moda, los artistas en los que se fija tu hijo… seguro que os conecta un montón.
7. Los recuerdos son muy musicales. Llena vuestros momentos de música, y procura que sean momentos de paz, de unión, de conexión. Cuando algo va ligado a emociones positivas y recuerdos bonitos, lo llevas dentro para siempre.
Y recuerda. La música no es una competición. La música es de y para todos. No debemos ser expertos ni saber leer una partitura para tener un gusto y un criterio musical. Para jugar con la música, y para experimentar, no es del todo necesario conocer el lenguaje musical escrito. Basta con amarla.






¡Totalmente de acuerdo, María! Estupendo artículo.
Muchas gracias, Miguel. ¡Un abrazo!